Alcalde: ¿democracia de verdad o de escaparate?

 

En Valdemorillo parece que hemos llegado a confundir democracia con elecciones. Cada cuatro años los ciudadanos acudimos a las urnas, depositamos nuestra papeleta y elegimos a quienes consideramos que deben representarnos. Pero la democracia no debería terminar en ese momento. Votar es, sin duda, una parte fundamental de la democracia, pero no puede ser la única. Una democracia real exige también participación, diálogo, transparencia y, sobre todo, capacidad para escuchar a los ciudadanos, incluso cuando lo que tienen que decir resulta incómodo para quienes gobiernan.

La situación vivida alrededor de la cuestión del fuego es, a mi juicio, un buen ejemplo de esta realidad. Un grupo mayoritario de vecinos decidió organizarse y plantear públicamente una situación que consideraba irregular. No eran dirigentes políticos ni representantes de ninguna organización nacional. Eran, sencillamente, vecinos de Valdemorillo que entendieron que tenían derecho a formular preguntas y a pedir explicaciones sobre un asunto que consideraban importante. Y cuando los ciudadanos dan ese paso, la respuesta de cualquier Gobierno municipal debería ser escuchar y responder, no buscar la manera de silenciar esas voces.

El alcalde es el alcalde de todos los vecinos de Valdemorillo, no únicamente de quienes le votaron. Su responsabilidad debería estar por encima de las siglas políticas y de los intereses partidistas. Quien ocupa la Alcaldía tiene la obligación de dirigirse al conjunto de la ciudadanía y de responder ante ella, especialmente cuando existen vecinos que plantean dudas o discrepancias sobre determinadas actuaciones municipales.

Pero esta cuestión no afecta solamente al alcalde. También debería hacernos reflexionar sobre el papel que desempeñan los distintos grupos políticos representados en el Ayuntamiento. En muchas ocasiones, las formaciones que tienen una estructura y una dirección de ámbito nacional trasladan al Pleno municipal debates y posiciones que proceden de sus organizaciones políticas. Es legítimo que cada partido tenga sus ideas y sus posiciones, pero un Ayuntamiento no es el Congreso de los Diputados ni un Pleno municipal debería convertirse en una reproducción de las disputas políticas nacionales.

Valdemorillo tiene sus propios problemas y vecinos, que también tienen sus propias preguntas. Y esas preguntas deberían ocupar un lugar central en la política municipal. Porque cuando un ciudadano se acerca a un representante municipal, no lo hace necesariamente para hablar de política nacional. Lo hace porque tiene un problema con un servicio, porque quiere saber qué está ocurriendo con una determinada actuación, porque tiene una preocupación sobre su barrio o su urbanización o, simplemente, porque quiere conocer las razones de una decisión que afecta a su vida cotidiana.

La política municipal debería partir de esa realidad. De escuchar al vecino y trasladar al Pleno aquello que preocupa a la ciudadanía. Por eso considero especialmente importante la existencia de partidos políticos locales que tengan como principal referencia a Valdemorillo y a sus vecinos. Formaciones que no tengan que mirar constantemente hacia las estructuras nacionales de sus partidos para decidir qué preguntas deben formular o qué problemas merecen ser debatidos. Un partido local puede escuchar directamente a los ciudadanos y llevar al Ayuntamiento sus inquietudes, independientemente de que esas preguntas sean cómodas o incómodas para quien gobierna.

Y aquí aparece una cuestión fundamental: ¿qué entendemos realmente por democracia municipal? ¿Consiste únicamente en votar cada cuatro años y dejar después que los representantes hagan lo que consideren oportuno? ¿O significa también que los ciudadanos puedan participar, preguntar, discrepar y exigir explicaciones durante toda la legislatura?

Para mí, la respuesta es evidente. Una democracia municipal no puede limitarse al día de las elecciones. El voto otorga una responsabilidad a quienes resultan elegidos, pero no constituye un cheque en blanco para los siguientes cuatro años. Los ciudadanos siguen siendo ciudadanos después de votar y, por tanto, siguen teniendo derecho a ser escuchados.

Además, cuando hablamos de representación política, deberíamos preguntarnos hasta qué punto los vecinos conocen realmente a las personas que los representan en el Ayuntamiento. Un ciudadano puede identificarse con unas determinadas siglas a nivel nacional y, sin embargo, no conocer personalmente a sus representantes municipales ni saber cuáles son sus posiciones sobre los problemas concretos de Valdemorillo. Esto puede ocurrir con cualquier partido y demuestra la importancia de que la política local tenga personalidad propia y esté verdaderamente conectada con la realidad del municipio.

Por eso, más allá de las siglas, lo importante debería ser que existan representantes capaces de escuchar las preguntas que hacen los vecinos y trasladarlas al lugar donde deben ser debatidas: el Pleno municipal. Y si una pregunta resulta incómoda, precisamente por eso debe poder formularse. La democracia no se demuestra cuando todos estamos de acuerdo; se demuestra cuando somos capaces de escuchar a quien discrepa y darle una respuesta.

No se trata de que el Gobierno municipal tenga que aceptar todas las críticas ni de que cualquier acusación formulada por un ciudadano tenga necesariamente que darse por cierta. Se trata de algo mucho más sencillo: escuchar, comprobar, explicar y responder. Esa debería ser la normalidad democrática.

Valdemorillo necesita una política municipal que ponga a los vecinos en el centro y que no convierta cada cuestión local en una batalla entre partidos. Los problemas del municipio no tienen necesariamente color político y las preguntas de los ciudadanos tampoco deberían tenerlo. Cuando un vecino pregunta, merece una respuesta; cuando un grupo de vecinos plantea una preocupación, merece ser escuchado; y cuando existen discrepancias, deben poder expresarse dentro de las instituciones sin que nadie sea apartado por resultar incómodo.

Porque votar es democracia, pero no es toda la democracia. Participar también lo es. Preguntar también. Discrepar también. Escuchar también. Y responder, por supuesto, también.

Por eso, si queremos una verdadera democracia municipal en Valdemorillo, debemos exigir algo tan sencillo como importante: que nuestra voz siga contando después de depositar la papeleta en la urna.

Porque la democracia no termina cuando termina el día de las elecciones.

La democracia empieza, precisamente, cuando los ciudadanos siguen teniendo voz.

 

 

Comentarios

  1. Sr.Gonzalez acaba de describir punto por punto lo que es y pretende UCIN VALDEMORILLO como ya le he comentado en alguna ocasión,VALDEMORILLO necesita un cambio de rumbo en el sistema,una DEMOCRACIA participativa y no un cambio de Alcalde unido siempre a las siglas nacionales que le van a encorsetar para el bien del PARTIDO y no del pueblo.
    Se necesita gestión y no ideología, se necesita equipo y no personalismos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Valdemorillo necesita algo más que poder: necesita saber gobernar
      Para gobernar Valdemorillo no basta con poder ni con querer. Hace falta, sobre todo, saber gobernar. Y saber gobernar significa conocer los problemas del municipio, anticiparse a ellos y colocar las necesidades de los vecinos por encima de cualquier interés partidista.
      El último Pleno municipal volvió a poner esta cuestión sobre la mesa. Más de 700 firmas de vecinos de Valdemorillo reclamaban atención sobre un problema que no admite demoras: la protección frente a los incendios en las zonas urbanizadas próximas al entorno rural. Sin embargo, esas firmas no fueron suficientes para conseguir algo tan básico como establecer un principio de trabajo concreto que permita avanzar hacia una solución.
      Y aquí está la cuestión fundamental: ¿qué tiene que ocurrir para que las reivindicaciones de los vecinos sean escuchadas?
      Valdemorillo ha crecido. Durante décadas se han construido numerosas urbanizaciones junto a zonas rurales y forestales. Esa realidad obliga a las administraciones a adoptar medidas de prevención y protección adecuadas a las circunstancias actuales.
      Porque el problema no está únicamente en el campo. El verdadero problema está también en las personas que viven allí, en sus viviendas y en la seguridad de sus familias.
      Cuando la política se antepone a los vecinos
      El debate sobre la protección frente a los incendios durante el Pleno dejó la sensación de que una cuestión esencialmente municipal terminó convirtiéndose en un asunto condicionado por la política.
      Y esa situación volvió a repetirse en otros puntos del orden del día. Las posiciones de los representantes de los partidos nacionales parecieron responder, en determinados momentos, más a las directrices de sus respectivas organizaciones que a la búsqueda de soluciones concretas para Valdemorillo.
      Los vecinos no necesitan enfrentamientos entre siglas. Necesitan soluciones.
      Necesitan que quienes ocupan un cargo público sean capaces de sentarse, analizar los problemas y trabajar conjuntamente para resolverlos, aunque pertenezcan a partidos diferentes.
      Un problema que no puede esperar
      Después de conocer que la Subdirección General había dejado atrás algunos de los planteamientos formulados desde el Gobierno municipal en materia de protección contra incendios, intenté hablar con el alcalde para conocer cuál era la situación y qué alternativas se estaban planteando.
      La preocupación es evidente. Si este asunto no se aborda desde una perspectiva estrictamente municipal, poniendo por delante la seguridad de los vecinos

      Eliminar
  2. Lo visto está mañana en el plenario es patético. No se contaba nada del pueblo, se cumplían órdenes de sus partidos pero malamente. Sólo Pilar salvo los muebles

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. María Fernanda L. Puente17 de septiembre de 2026 a las 22:59

      Vergüenza, yo tengo vergüenza de estos políticos de m...Cada vez tenemos unos plenos más imposibles de ver.

      Eliminar
  3. Estos políticos deben saber con lo que se están jugando. Ellos heredaron un problema, pero no han hecho nada cuando estamos en un polvorín con urbanizaciones abiertas al campo y montones de chalés en primera línea de fuego. Y con un vicealcalde que np se cree que exista cambio climático

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El Colegio Zola como telón de fondo I

A juzgar por el número de entradas

Las urbanizaciones de Valdemorillo