Cuarto capitulo LO PÚBLICO TAMBIÉN ES NUESTRO Hay una reacción que todos conocemos. Cuando se avería el frigorífico, la lavadora o la caldera de nuestra casa, enseguida hacemos números. Pensamos en cuánto costará la reparación o si tendremos que sustituir el aparato. Nos preocupa porque sabemos que ese dinero saldrá de nuestro bolsillo. Sin embargo, cuando se rompe una farola, se levanta una acera, un parque se deteriora o una instalación municipal permanece abandonada durante meses, la reacción suele ser muy distinta. Lo vemos como un problema del Ayuntamiento. Como si no fuera con nosotros. Y ahí está el error. Todo lo que pertenece al municipio también nos pertenece a los vecinos. Se ha construido y se mantiene con el dinero de nuestros impuestos. Cada banco, cada árbol, cada metro de acera, cada edificio público y cada servicio municipal representan el esfuerzo económico de todos los ciudadanos. Cuando esos bienes se deterioran por abandono, por falta de mantenimiento...
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