Carta abierta a mi amigo Andrés, ahora lejos, pero aquí
Querido Andrés: En el pasado Pleno estuve presente y, durante una buena parte de la sesión, buscándote entre las pocas personas que estábamos allí. Miraba de un lado a otro, casi con la esperanza de encontrarte en alguno de esos lugares que tantas veces ocupaste y desde los que tantas veces te escuché intervenir. Pero no estabas. Y tu ausencia se notó. Quizá porque hay personas cuya presencia termina formando parte del paisaje cotidiano hasta el punto de que, cuando faltan, uno comprende de verdad el espacio que ocupaban. Tú eras una de esas personas. No sé si tu ausencia tiene que ver con esa inevitable circunstancia de la vida que nos recuerda que nos vamos haciendo mayores. Supongo que, con los años, todos vamos dejando atrás algunas cosas que durante mucho tiempo fueron importantes para nosotros. Y es una pena. Una pena enorme. Porque muchas de nuestras aficiones, de nuestras costumbres, de aquellas pequeñas cosas que daban sentido a nuestros días y que formaban parte d...