Primer capítulo.
COMIENZA LA
CAMPAÑA ELECTORAL
Pretendo iniciar una campaña
de reflexión y análisis sobre las próximas elecciones municipales de
Valdemorillo que se celebrarán el próximo año.
Mi intención no es apoyar ni perjudicar a
ninguna candidatura, sino contribuir a que el debate público se desarrolle
desde la información, la transparencia y la valoración objetiva de los hechos.
Considero que las elecciones constituyen una oportunidad para que los
ciudadanos evalúen la gestión realizada, contrasten las promesas formuladas con
los resultados obtenidos y conozcan con claridad las propuestas que se
presentan para el futuro del municipio
UN AYUNTAMIENTO ES UNA ORGANIZACIÓN AL SERVICIO DE LOS CIUDADANOS,
SOSTENIDA CON NUESTROS IMPUESTOS
Un ayuntamiento es la
institución encargada del gobierno y la administración de un municipio. Está
formado por un alcalde y varios concejales elegidos por los ciudadanos mediante
sufragio cada cuatro años. Sobre el papel, el sistema parece sencillo: los vecinos
eligen a quienes deben gestionar los recursos públicos y atender los problemas
colectivos.
Sin embargo, la realidad suele
ser bastante más compleja. Los ciudadanos no elegimos gestores profesionales
cuya preparación o experiencia en administración pública haya sido previamente
acreditada. Votamos candidaturas políticas y, en muchas ocasiones, desconocemos
la verdadera capacidad de quienes las integran para dirigir una organización
que maneja millones de euros y adopta decisiones que afectan directamente a la
vida de miles de personas.
Quizá gobernar
sea más difícil de lo que parece durante una campaña electoral. Lo cierto es
que la capacidad política y de gestión demostrada hasta ahora no ha sido
suficiente para afrontar un asunto que afecta a una parte muy importante de la
población del municipio.
En otros ámbitos tampoco
resulta fácil identificar mejoras sustanciales para los vecinos. Se han
impulsado actuaciones de carácter más simbólico que práctico, iniciativas que
generan titulares, fotografías y actos oficiales, pero cuyos beneficios reales para
Valdemorillo son, cuando menos, discutibles. Porque siempre parece más sencillo
inaugurar una estatua de un toro que resolver problemas enquistados durante
décadas.
Existe, sin embargo, un aspecto
de la gestión que parece funcionar con notable eficacia: garantizar que los
cargos públicos perciban puntualmente sus retribuciones. En algunos casos, la
relación entre lo que se cobra y la aportación efectiva realizada al municipio
podría abrir un legítimo debate sobre responsabilidad y rendimiento en la
gestión pública.
Conviene
recordar que un ayuntamiento no pertenece al alcalde, ni a los concejales, ni
al partido que circunstancialmente ocupa el gobierno municipal. Es una
institución pública sostenida por los impuestos de todos los vecinos y su
finalidad debería ser administrar los recursos comunes con eficacia,
transparencia y responsabilidad.
Sin embargo, con demasiada
frecuencia la gestión municipal acaba condicionada por intereses partidistas,
estrategias electorales y cálculos políticos. Los partidos terminan actuando
como si el resultado de las urnas les otorgara la propiedad de unas instituciones
que únicamente administran de forma temporal. Confunden gobernar con mandar y
gestionar con disponer de recursos ajenos.
Las consecuencias de esta forma
de actuar recaen siempre sobre los mismos: los ciudadanos. Somos quienes
financiamos la administración, soportamos las decisiones equivocadas y
padecemos los efectos de la improvisación, los retrasos y la falta de planificación.
Mientras tanto, la propaganda institucional intenta presentar como grandes
logros actuaciones que apenas modifican los problemas cotidianos del municipio.7uu
Lo más preocupante es que esta situación ha terminado normalizándose. Se promete durante la campaña electoral lo que después no se cumple en el ejercicio del gobierno y, llegado el siguiente proceso electoral, vuelven a formularse compromisos similares sin que nadie asuma responsabilidades por los incumplimientos anteriores. La palabra dada pierde valor y la gestión acaba siendo sustituida por el relato.
Las urbanizaciones de
Valdemorillo constituyen un ejemplo especialmente significativo.
Después de años de promesas, declaraciones públicas y compromisos adquiridos
ante los vecinos, la situación permanece prácticamente inalterada. Resulta
difícil comprender cómo un problema que afecta a más de la mitad de la
población puede continuar bloqueado mandato tras mandato. O bien no existe
capacidad para resolverlo o bien falta la voluntad política necesaria para
hacerlo. Ninguna de las dos posibilidades deja en buen lugar a quienes tienen
la responsabilidad de gobernar.
Además, cuando la dirección
política carece de liderazgo efectivo o de objetivos claros, esa situación
termina repercutiendo en el conjunto de la organización municipal. La
desmotivación, la falta de control y el deterioro de la cultura de servicio
público afectan inevitablemente al rendimiento de la administración y a la
calidad de los servicios que reciben los vecinos.
La calidad de un ayuntamiento
no debería medirse por el número de fotografías oficiales, por la cantidad de
notas de prensa publicadas o por la habilidad de sus responsables para
atribuirse méritos. Debería medirse por algo mucho más sencillo: su capacidad
para resolver problemas, gestionar correctamente los recursos públicos y
mejorar de forma tangible la calidad de vida de sus vecinos.
Porque los ciudadanos no
necesitamos gobernantes que nos expliquen constantemente lo bien que gestionan.
Necesitamos gestores que lo demuestren con hechos. Y cuando, después de años de
promesas, los problemas siguen exactamente dónde estaban, la crítica deja de
ser una opción para convertirse en una obligación cívica.
Comentarios
Publicar un comentario