RECOGIDA DE PODAS EN VALDEMORILLO.
EJEMPLO
DE DESCONEXIÓN ENTRE AUTORIDAD Y REALIDAD.
El caso de la recogida de podas en Valdemorillo es un ejemplo
perfecto de esta desconexión entre autoridad y realidad. A finales de abril
solicité un contenedor, y recién me fue concedido a mediados de julio. Sí, tres
meses después, justo cuando las plantas alcanzan su máximo crecimiento y las
parcelas se convierten en junglas imposibles de mantener. Resultado: o me
enfrento a la limpieza por mi cuenta, o renuncio a usar un servicio que, según
el Ayuntamiento, “facilitaría” la gestión de residuos vegetales.
Lo más sorprendente no es solo el retraso: es que nadie pareció
considerar la planificación mínima necesaria. ¿Número de
equipos disponibles? Ignorado. ¿Necesidades de los vecinos? Ignoradas.
¿Calendario coherente con la temporada de poda? Inexistente. Lo que debería ser
un servicio eficiente se convierte en un ejemplo de improvisación
administrativa. Un fiasco que nadie anticipó, y que genera más problemas que
soluciones.
Este desorden evidencia algo más profundo: la autoridad sin
capacidad de gestión es inútil. Cuando se promete un servicio público, los
ciudadanos esperan que se cumpla, no que se convierta en una carrera de
obstáculos. La falta de coordinación, previsión y compromiso con la ciudadanía erosiona la
confianza en quienes gobiernan. Y no hay excusa que justifique
que un contenedor llegue tres meses tarde, justo en el momento en que más se
necesita.
En pocas palabras: este proceso no fue simplemente un error
administrativo; fue un fracaso completo de planificación. La consecuencia es
clara: vecinos frustrados, parcelas descuidadas y un servicio público que se ha
convertido en un ejemplo de cómo no se debe gestionar. La autoridad responsable
tiene la obligación de asumir la crítica, revisar sus procedimientos y
garantizar que algo así nunca vuelva a repetirse, porque cada retraso y
cada improvisación tienen un costo real para la comunidad.
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