¿QUIÉN ELIGE REALMENTE AL ALCALDE?

 

En municipios como Valdemorillo existe una realidad que muchos ciudadanos desconocen: el candidato a la Alcaldía no lo eligen los vecinos, sino el partido político al que pertenece. Los ciudadanos únicamente tienen la posibilidad de aceptar o rechazar esa decisión cuando depositan su voto en las urnas.

El procedimiento suele ser sencillo. La dirección local propone un candidato; posteriormente, la dirección regional estudia la propuesta y el Comité Electoral correspondiente la ratifica o la modifica si lo considera oportuno. Finalmente, la candidatura completa se presenta ante la Junta Electoral dentro de los plazos legales. Todo ello se desarrolla conforme a la normativa vigente y a los estatutos de cada partido.

EL PROBLEMA NO RESIDE EN LA LEGALIDAD DEL PROCEDIMIENTO, SINO EN SU CALIDAD DEMOCRÁTICA.

En la mayoría de los municipios de tamaño medio no existen elecciones primarias. Tampoco suele abrirse un verdadero proceso de participación entre los afiliados, y mucho menos entre los ciudadanos. La decisión queda en manos de un reducido número de personas que, en muchas ocasiones, conocen mejor la organización interna del partido que las verdaderas necesidades del municipio.

Resulta inevitable preguntarse cuáles son los criterios que prevalecen en la elección de un candidato. ¿Se escoge realmente a la persona más preparada? ¿Se valora a su capacidad de gestión, su experiencia profesional, su conocimiento de la administración pública o su compromiso con el pueblo? ¿O pesan más la fidelidad al partido, las relaciones personales, los equilibrios internos o la conveniencia política?

La experiencia demuestra que no siempre coinciden el mejor candidato para el partido y el mejor candidato para el municipio. Una organización política puede considerar adecuado a alguien por su disciplina interna o por su trayectoria dentro del partido, mientras que los ciudadanos necesitan un alcalde capaz de gestionar recursos públicos, dialogar con todos los grupos políticos, resolver problemas cotidianos y tomar decisiones pensando exclusivamente en el interés general.

SIN EMBARGO, EL VERDADERO PROBLEMA APARECE EL DÍA DE LAS ELECCIONES.

Muchos ciudadanos votan, de forma legítima, movidos principalmente por las siglas de un partido. Es una decisión respetable, pero también puede tener consecuencias. Cuando el voto se convierte en un respaldo automático a una marca política, el candidato deja de ser objeto de un análisis crítico. Su preparación, su experiencia, su capacidad de liderazgo o incluso su comportamiento público pasan a un segundo plano.

Así, un candidato excelente puede quedar descartado únicamente por pertenecer a un partido con menor respaldo electoral, mientras que otro claramente menos preparado puede resultar elegido gracias al peso de unas siglas consolidadas.

LA DEMOCRACIA PIERDE CALIDAD CUANDO EL DEBATE GIRA ÚNICAMENTE ALREDEDOR DE LOS PARTIDOS Y NO DE LAS PERSONAS.

Un alcalde no administra un programa ideológico abstracto. Administra un presupuesto, dirige servicios públicos, representa a todos los vecinos y toma decisiones que afectan directamente a la vida cotidiana del municipio. Para ello no basta con repetir consignas políticas ni con exhibir un carné de partido. Se necesitan conocimientos, capacidad de gestión, honestidad, equilibrio, sentido común y vocación de servicio.

Los partidos políticos tienen una enorme responsabilidad. Son ellos quienes realizan la primera selección y, por tanto, deberían actuar con el máximo rigor. La designación de un candidato no debería responder a intereses internos, cuotas de poder o afinidades personales, sino a criterios objetivos de mérito, capacidad, experiencia y compromiso con el municipio.

PERO LA RESPONSABILIDAD NO TERMINA AHÍ.

Los ciudadanos también deben asumir un papel más exigente. La democracia no consiste únicamente en votar; consiste en votar con conocimiento. Antes de introducir una papeleta en la urna conviene preguntarse quién es realmente la persona que encabeza la candidatura. ¿Qué ha hecho por el pueblo? ¿Cuál es su trayectoria? ¿Qué capacidad ha demostrado para gestionar? ¿Cómo ha actuado cuando ha tenido responsabilidades? ¿Inspira confianza más allá de las siglas que representa?

LA CALIDAD DE UN GOBIERNO MUNICIPAL DEPENDE TANTO DE QUIENES PRESENTAN A LOS CANDIDATOS COMO DE QUIENES LOS ELIGEN.

Si los partidos priorizan la lealtad interna sobre el mérito, y si los ciudadanos votan únicamente por fidelidad a unas siglas sin analizar a las personas, el resultado difícilmente será la elección de los mejores. Y una democracia en la que los mejores no siempre llegan a gobernar es una democracia que debe seguir mejorando.

Quizá haya llegado el momento de exigir más transparencia en la selección de los candidatos, más participación de la militancia y de los vecinos y, sobre todo, una mayor cultura política que permita valorar a las personas por su capacidad y su integridad, y no únicamente por el logotipo que aparece en la papeleta electoral. Porque, al final, quien gobierna un municipio no son las siglas de un partido, sino una persona cuyas decisiones afectan cada día a la vida de todos los ciudadanos.

 

Comentarios

  1. Soy vecino de Valdemorillo y, desde mi punto de vista, Enrique Plato no ha ejercido una oposición que yo considere eficaz. Durante este mandato apenas he percibido iniciativas, propuestas o actuaciones que me hayan demostrado una labor de control y fiscalización del equipo de gobierno. Por ello, a día de hoy, tengo serias dudas sobre concederle mi voto en las próximas elecciones.

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    1. Antonio, de acuerdo, los ciudadanos debemos asumir un papel más exigente. La democracia no consiste únicamente en votar, sino en hacerlo con conocimiento. Antes de introducir la papeleta en la urna, conviene preguntarse quién es realmente la persona que encabeza la candidatura. ¿Qué ha hecho por el pueblo? ¿Qué capacidad ha demostrado para gestionar? ¿Cómo ha actuado cuando ha tenido responsabilidades? ¿Inspira confianza más allá de las siglas que representa?
      Votar a personas no a siglas

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  2. Mientras los partidos no sean capaces de tomar conciencia del problema , la democracia tendrá serios inconvenientes pronto. No se puede admitir a un antiguo concejal perteneciente a un partido político diferente , si decide cambiar de partido para continuar mamando de la teta municipal

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  3. Jesús, para eso que quieres, habría que borrar todos los partidos. Lo veo difícil irlo. Quizás se podría mejorar algo si las listas fueran abiertas y pudiéramos elegir a los que quisiéramos.

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    1. "Los partidos políticos nacen de una ideología, pero con frecuencia terminan priorizando otros intereses, como el poder, la estrategia electoral o la organización interna."

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  4. Necesitamos gente nueva
    Llevo viviendo aquí muchos años, los suficientes para haber conocido a varias generaciones y para haber escuchado historias que rara vez aparecen en los libros o en los documentos oficiales. Con el paso del tiempo he comprendido que la historia de este lugar no puede explicarse únicamente a través de los acontecimientos públicos o de los gobiernos que se sucedieron. Detrás de cada decisión importante, de cada cambio político o económico, existían personas y familias que ejercían una influencia decisiva.
    Durante décadas, algunas de esas familias ocuparon puestos de responsabilidad y gobernaron de manera visible. Otras, en cambio, prefirieron mantenerse alejadas de los focos, actuando desde la discreción, moviendo los hilos desde la sombra y ejerciendo un poder que pocas veces era reconocido de forma abierta. Su influencia se dejaba sentir en la economía, en la política, en los negocios e incluso en la vida cotidiana de la población.
    Con los años he podido escuchar testimonios, observar comportamientos y reunir pequeñas piezas de un rompecabezas que, vistas de forma aislada, podrían parecer simples anécdotas. Sin embargo, cuando se unen unas con otras, revelan una historia mucho más compleja e interesante: la historia de cómo se construyeron determinadas redes de poder, cómo se mantuvieron durante generaciones y cómo influyeron en el desarrollo de Valdemorillo.
    Sería un trabajo apasionante investigar con rigor todos esos hechos, contrastar documentos, recuperar la memoria de quienes fueron testigos de aquellos acontecimientos y distinguir entre la realidad, las interpretaciones y las leyendas que inevitablemente surgen con el paso del tiempo. No se trataría de escribir una obra basada en rumores, sino de elaborar un relato sólido, documentado y honesto que permitiera comprender mejor el pasado.
    Creo que una historia así no solo tendría valor para quienes vivimos aquí y conocemos parte de esos acontecimientos, sino también para las nuevas generaciones. Conocer quiénes tomaron las decisiones, cómo se consolidaron determinados grupos de poder y qué consecuencias tuvieron sus actuaciones ayudaría a entender por qué el presente es como es. La memoria de un pueblo no debería perderse; al contrario, merece ser investigada, conservada y transmitida con responsabilidad para que el tiempo no borre aquello que marcó su identidad.

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    1. Señor Anónimo:

      Durante la segunda mitad de los años setenta y los primeros años de los ochenta ejercí la dirección facultativa, como técnico colegiado, de numerosas obras para constructores como Vicampo, García Mauriño y otros.

      En aquella época, siendo aún joven, algunos de esos constructores me relataron determinados acontecimientos relacionados con el desarrollo urbanístico que me sorprendían e incluso me escandalizaban. Sin embargo, nunca dispuse de los datos ni de las pruebas necesarias para poder formarme un juicio completo.

      Hoy, en democracia, creo que esos hechos, si realmente ocurrieron, deberían ser conocidos y, en su caso, investigados por las autoridades competentes.

      Por ello, pido a nuestro anónimo que preste un servicio al pueblo y a todos aquellos vecinos que pagaron por el desarrollo de estas urbanizaciones. Si conoce la verdad y dispone de información relevante, sería deseable que la pusiera en conocimiento de los organismos competentes para que pueda ser investigada con todas las garantías y, si procede, se depuren las responsabilidades que correspondan.

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