EL AYUNTAMIENTO PERTENECE A LOS VECINOS.


Cuando un alcalde o un concejal convierte la política municipal en su modo de vida, tenemos un problema. Y no, no hablamos de que cobren un sueldo. Si trabajan, es razonable que cobren. El problema aparece cuando empiezan a necesitar el cargo como quien necesita el oxígeno: sin sillón no hay sueldo, sin sueldo no hay tranquilidad y sin tranquilidad se acaba aquello tan bonito de “servir a los vecinos”.

PORQUE UNA COSA ES VIVIR PARA LA POLÍTICA Y OTRA, BASTANTE DISTINTA, VIVIR DE ELLA.

·       La primera puede ser vocación.

·       La segunda puede acabar siendo una profesión con una peculiaridad extraordinaria: el jefe es el elector y puede despedirte cada cuatro años.

Y eso, para algunos, debe de ser una auténtica pesadilla.

Porque cuando el cargo deja de ser una responsabilidad temporal y se convierte en el modo habitual de ganarse la vida, la prioridad cambia. Ya no se trata solamente de hacer lo correcto. Hay que hacer lo que permita seguir sentado.

Y ahí comienza el espectáculo.

Una decisión necesaria pero impopular se convierte en “algo que debemos analizar”.

·       Una crítica se interpreta como una campaña de desprestigio.

·       Una pregunta incómoda se considera una falta de respeto. Un error se transforma en “una cuestión de interpretación”.

·       Y una oposición que hace exactamente lo que debe hacer —oponerse— pasa a ser poco menos que una amenaza para la estabilidad del universo.

Porque, claro, gobernar es muy complicado.

Mucho más complicado cuando uno empieza a preguntarse qué ocurriría si mañana deja de gobernar. Entonces aparecen las prioridades.

·       Primero, mantener el apoyo.

·       Después, mantener al equipo.

·       Luego, mantener las alianzas.

·       Y, si queda algo de tiempo, ya si eso nos ocupamos del municipio.

Porque el interés general es importantísimo, siempre que no interfiera con la siguiente campaña electoral.

En un Ayuntamiento así, los problemas tienen una curiosa capacidad para sobrevivir.

·       Algunos duran meses.

·       Otros años.

·       Y los hay que envejecen con una dignidad admirable mientras pasan de legislatura en legislatura como el asunto de las urbanizaciones.

Eso sí: para las fotografías siempre hay tiempo.

Una inauguración, una reunión, una visita, una bandera, una sonrisa y, por supuesto, una nota de prensa.

Porque en política municipal hay cosas que se solucionan trabajando y otras que se solucionan comunicando que se está trabajando.

Y no es lo mismo.

En Valdemorillo, además, tenemos el ingrediente perfecto para que todo esto sea todavía más entretenido: nos conocemos prácticamente todos.

Aquí nadie es un desconocido. Aquí sabemos quién es amigo de quién, quién estuvo con quién, quién se lleva bien con quién y quién dejó de llevarse bien con quién antes incluso de que algunos descubrieran las redes sociales.

Y eso, llevado al terreno político, puede ser una maravilla. Porque cuando todo el mundo se conoce, es mucho más fácil que la política termine confundiendo amistad con lealtad, lealtad con fidelidad y fidelidad con obediencia.

Y entonces aparece el pequeño intercambio de favores, apoyos, silencios y sonrisas. Nada serio, por supuesto. Todo perfectamente institucional. Tanto que a veces cuesta distinguir el Ayuntamiento de una comida familiar en la que todos saben quién debe sentarse al lado de quién.

Pero hay algo que convendría recordar, aunque resulte incómodo:

EL AYUNTAMIENTO NO ES DE QUIEN LO GOBIERNA.

No es propiedad del alcalde. ni de los concejales, ni del partido.

Y desde luego no es propiedad de quienes llevan tantos años viviendo alrededor del poder que ya parecen tener derecho de usufructo como Dña Pilar.

EL AYUNTAMIENTO PERTENECE A LOS VECINOS.

·       A los que votaron al Gobierno.

·       A los que votaron a la oposición.

·       A los que votaron en blanco.

·       A los que no votaron.

Y también a ese vecino que pregunta dónde está el dinero y que, por alguna razón, siempre acaba siendo considerado: problemático.


Un cargo público debería ser una responsabilidad temporal. Significa que empieza y termina.

No significa que uno entra al Ayuntamiento, se acostumbra al sueldo, se acostumbra al despacho, se acostumbra a las cámaras, se acostumbra a las felicitaciones y, cuando llega la posibilidad de tener que marcharse, descubre súbitamente que la política es una vocación de toda la vida.

Qué coincidencia tan conveniente.

Porque cuando alguien sabe que tiene que volver algún día a su vida anterior, gobierna de otra manera.

·       Puede decir que no.

·       Puede tomar decisiones impopulares.

·       Puede reconocer que se ha equivocado.

·       Puede mandar a paseo a quien corresponda cuando toca.

·       Y puede escuchar a la oposición sin sufrir un ataque de ansiedad institucional.

Pero cuando alguien piensa que perder el cargo equivale a perderlo todo, entonces cambia el asunto.

Ya no gobierna solamente para solucionar problemas.

Gobierna para sobrevivir políticamente.

Y eso es peligrosísimo.

Porque entonces cada decisión lleva una calculadora electoral incorporada.

·       ¿Esto nos da votos?

·       ¿Esto nos quita votos?

·       ¿Quién se enfada?

·       ¿Quién deja de apoyarnos?

·       ¿Quién puede hacernos daño?

·       ¿A quién tenemos que llamar?

·       ¿A quién conviene no molestar?

Y mientras se hacen todas esas cuentas, el interés general puede ir tranquilamente esperando en la puerta.

¿QUEREMOS POLÍTICOS QUE VENGAN A SERVIR AL MUNICIPIO O POLÍTICOS QUE NECESITEN EL MUNICIPIO PARA VIVIR?

La diferencia no es pequeña. Es enorme. Porque quien viene a servir sabe que un día tendrá que marcharse. Quien necesita el cargo hará todo lo posible para quedarse.

Y cuando quedarse se convierte en la prioridad, aparecen los silencios, los favores, las excusas, las fotos, las alianzas imposibles y esa maravillosa capacidad política para convertir cualquier fracaso en una “oportunidad de mejora”.

EN VALDEMORILLO TENEMOS UN CATÁLOGO BASTANTE COMPLETO.

Tenemos a quienes gobiernan y parecen haber descubierto que el poder tiene una propiedad extraordinaria: cuando uno se acostumbra a él, empieza a parecer imprescindible.

 


Comentarios

  1. Fernando Rodríguez de Rivera14 de agosto de 2026 a las 19:22

    Profesor González, cualquier persona medianamente inteligente que haya tenido ocasión de ver un pleno, aunque solo sea durante media hora, se percata de quiénes se sientan en la mesa principal. La mayoría son personas que llevan varios años viviendo de la política municipal: unos desde una ideología y otros desde otra, pero, al final, siempre representando a sus dueños y señores.

    Si siguen siendo los mismos, volveré a votar en blanco. Pero si aparece un partido nuevo, sea de la tendencia que sea, tendrá mi voto, aunque solo sea por probar algo diferente.

    Me siento profundamente engañado y, sobre todo, decepcionado por quienes deberían estar representando a los ciudadanos.

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  2. Jesús, creo que te has equivocado en la penúltima palabra. No es lo mismo parecer que CREERSE.
    Pasadlo bien. Andrés

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